La Historia investiga, analiza y registra el pasado del hombre. Los acontecimientos ocurridos, sus causas, su desarrollo geográfico, social y las consecuencias de los mismos. Que nos sirve de base para la comprensión del presente. Al hablar del pasado del hombre entendemos que todas las acciones, pensamientos y obras cuya trascendencia modificó, alteró o impulsó un proceso social.

30 de mayo de 2014

Giordano Bruno

. 30 de mayo de 2014
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El filósofo que desafió la inquisición en la Europa del siglo XVI

“Sus ideas revolucionarias ideas sobre el universo y la religión le valieron la implacable persecución de los inquisidores de Roma, que lo procesaron y lo condenaron a morir en la hoguera”.
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Se hacía llamar “el Nolano”, por haber crecido en Nola, una localidad próxima a Nápoles (Italia).  A los 15 años partió hacia Nápoles, donde intentó encauzar su exaltada religiosidad ingresando en un convento de la orden de los dominicos, pero muy pronto empezó a causar revuelo por su carácter indócil y sus desafíos a la autoridad.  Por ejemplo, quitó de su celda los cuadros de vírgenes y santos, y dejó tan sólo un crucifijo en la pared.  En otra ocasión le dijo a un novicio que no leyera un poema devoto sobre la virgen.  Estos hechos eran considerados una forma de protestantismo, en unos años en que la Iglesia perseguía en Italia a todos los seguidores de Lutero y Calvino. Es por ello, que Bruno fue denunciado a la Inquisición pero la acusación no tuvo mayores consecuencias y Bruno pudo seguir sus estudios.  A los 24 años fue ordenado sacerdote y a los 28 obtuvo su licenciatura como lector de teología en su convento napolitano.
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Más tarde comenzó a leer los libros del humanista holandés Erasmo, prohibidos por la Iglesia, en ellos decía que no todos los herejes eran ignorantes.  Se interesó también por la emergente literatura científica, que incluía desde los alquimistas hasta la nueva astronomía de Copérnico.
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Desde entonces fueron germinando en la mente de Bruno ideas enormemente atrevidas, que ponían en cuestión la doctrina filosófica y teológica de la Iglesia.  Bruno al igual que Copérnico, rechazaba que la Tierra fuera el centro del cosmos y llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios.  Bruno tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos y que no había diferencia entre materia y espíritu, de modo que la trasmutación del pan en carne y el vino en sangre, en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad.
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Bruno entonces, no dudó en mantener estas ideas, por lo que constantemente había muchas discusiones con sus compañeros.  Fue por ello que en 1575 fue acusado de herejía ante el inquisidor local, pero decide huir de Nápoles.
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A partir de ese momento, se convirtió en fugitivo.   En los próximos 4 años pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán.
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Durante estos viajes, Bruno conoció a pensadores, filósofos, y poetas que se sintieron atraídos por sus ideas y se convirtieron en sus amigos, y le ayudaron a publicar sus obras.  Tras pasar tiempo en Ginebra, Lyon, Toulouse, en 1581 llegó a París.  Su fama le llevó a ser aceptado por grupos influyentes.  El propio rey Enrique III se sintió atraído por sus disertaciones y, aunque no podía apoyar sus ideas de manera abierta, le extendió una carta de recomendación para que se trasladara a Inglaterra.  En Londres, se alojó en la casa del emperador francés y fue presentado a la reina Isabel.  Tras casi tres años allí, continúo viajando por París, Helmstedt, Fráncort y Zúrich. 
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Estando en la ciudad de Fráncort, recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, quien mostró gran interés en sus obras, invitándole a Venecia para enseñarle sus conocimientos a cambio de grandes recompensas.  Sus amigos le advirtieron del riesgo de volver a Italia, pero el filósofo aceptó la invitación y finales del 1591 regresó a Italia.  Allí asistía a las sesiones de la Academia degli Uranini, un lugar donde se reunían ocultistas famosos, académicos e intelectuales liberales, también daba clases en la Universidad de Padua.
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En mayo de 1592, decidió volver a  Fráncort para supervisar la impresión de sus obras.  Mocenigo insistió que se quedara, y pospuso su viaje de regreso para el día siguiente.  Estos fueron sus últimos momentos en libertad.  Al amanecer del 23 de mayo de ese año, Mocenigo entró en la habitación de Bruno con algunos gondoleros, que sacaron al filósofo de la cama y lo encerraron en un sótano oscuro.  Al día siguiente llegó un capitán con grupo de soldados y una orden de la Inquisición para arrestarlo y confiscar todos sus bienes y libros. 
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Tres días después, dio comienzo el juicio.  El primero en hablar fue el acusador, Mocenigo, quien trabajaba hacia años para la Inquisición.  Tras declarar que había tendido una trampa a Bruno, proporcionó una larga lista de ideas heréticas que había oído del acusado, muchas fueron distorsionadas y otras inventadas.  Dijo que Bruno se burlaba de los sacerdotes y que sostenía que los friales eras unos asnos y que Cristo utilizaba la magia.  Cuando Bruno fue interrogado, explicó que sus obras eran filosóficas y en ellas, sostenía que “el pensamiento debería ser libre de investigar con tal de que no dispute la autoridad divina”.  
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Bruno creía que podría convencer al tribunal, pero en febrero de 1593 fue puesto en manos de la Inquisición Romana, pues éstos actuaban con más dureza.  Bruno pasó 7 años en la cárcel, junto al palacio del Vaticano.  Aquí encerraban a los prisioneros en celdas oscuras y húmedas, de las cuales se podían escuchar los gritos de los prisioneros torturados y donde el olor a cloaca era insoportable.  Cuando compareció ante el tribunal, en enero del 1599, ya era un hombre delgado y demacrado, pero a pesar de eso jamás perdió su determinación.  Se negó a retractarse y los inquisidores le ofrecieron cuarenta días para reflexionar pero éstos cuarenta días se convirtieron en nueve meses de encarcelamiento. 
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El 21 de diciembre de 1599, fue llamado nuevamente ante la Inquisición, pero él se mantuvo firme en su negativa a retractarse.  El 4 de febrero del 1600 se leyó su sentencia.  Bruno fue declarado hereje y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro e incluidos en el Índice de Libros Prohibidos.  Luego la Inquisición transfirió a  Bruno al tribunal secular de Roma para que lo castigaran por su delito sin derramamiento de sangre.  Esto significaba que debía ser quemado vivo.  Tras escuchar la sentencia Bruno dijo: “El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla”. 
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El 19 de febrero, a las 5:30 de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de ejecución, el Campo dei Fiore.  Para que no hablara a los espectadores, le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizás con un clavo.  Cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó y le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza.  Las llamas consumieron su cuerpo y sus cenizas fueron arrojadas al Tíber. 
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26 de mayo de 2014

Pompeya

. 26 de mayo de 2014
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Mejor conocida como “La Ciudad Desenterrada” desde que un ingeniero español iniciara las excavaciones en el siglo XVIII, los arqueólogos han sacado a la luz, la antigua ciudad romana sepultada por la terrible explosión del Vesubio en el año 79 d.c.
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La ciudad que había desaparecido del mapa entre el 24 y el 25 de agosto del año 79 d.c. por la erupción del Vesubio, el cual sepultó la ciudad y otras localidades como Herculano y Estabia.
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No fue hasta el año 1738 cuando el futuro Carlos III de España, para ese entonces, rey de Nápoles, encargó al ingeniero militar español, Roque Joaquín de Alcubierre, que iniciase las excavaciones.  Empezando por la ciudad de Herculano una zona muy difícil ya que estaba bajo una capa solidificada de lava que llegaba a alcanzar los 26 metros de espesor.  Allí se desenterraron estatuas y por ello el monarca decidió en el año 1748 ampliar la búsqueda en la zona de Pompeya.  Al comienzo de esas excavaciones, nadie sospechaba que se trataba de la ciudad de Pompeya hasta que fue identificada como tal en el año 1763.
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Las excavaciones en Pompeya fueron mucho más fáciles ya que había quedado cubierta por una capa menos gruesa de cenizas y “lapilli” (pequeñas piedras expulsadas durante la erupción).  En un principio no encontraron las estatuas por que el rey suspiraba.  Durante dos años excavaron el anfiteatro y las vías de los Sepulcros.  Luego cuando reanudaron excavaciones en el año 1755 aún bajo la dirección de Alcubierre, quien se mantuvo en la dirección hasta el 1780. 
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Algunos de los hallazgos fueron la Villa de Cicerón, la finca de Julia Félix, el teatro Grande, el odeón, la villa de Diomedes y el templo de Isis.  El templo de Isis era el primer espacio sacro que se excavaba en Pompeya, el mejor conservado y el primer santuario egipcio que podían ver con sus propios ojos los europeos. 

Con estas excavaciones empezó a desarrollarse la arqueología como disciplina, ya que apenas estaba en sus orígenes.  Esta excavación permitió ofreció la oportunidad de recuperar una ciudad romana completa y de entrar en contacto con la vida cotidiana de los antiguos romanos, conservando sus alimentos carbonizados, sus muebles, sus vestidos y hasta las huellas de los carros.
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En 1780, un colaborador de Alcubierre, se hizo cargo de las excavaciones y se preocupó por conservar los descubrimientos.  Por ejemplo, hizo techar las construcciones para las pinturas y otras antigüedades pudieran conservarse “in  situ” (en el lugar) y también ordenó reponer algunos monumentos que habían sido trasladados al museo de la localidad de Portici, donde el rey Carlos III tenía un museo.
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En 1808, con la llegada al trono de Nápoles, Joachim Murat, su esposa Carolina y hermana del emperador Napoleón, quien mostró especial interés en las excavaciones.  Desde entonces tuteló y controló personalmente los trabajos dirigidos por Pietro La Vega, hermano de  Alcubierre, el primer director.  Durante esos años se excavó todo el perímetro de la muralla, las puertas de la ciudad y algunas calles importantes.  También, se unieron zonas que habían sido excavadas de manera aislada y se trabajó en el foro.  Alrededor del año 1815, se recuperaron los edificios más celebres de Pompeya, como la casa del Fauno, donde se halló el mosaico que representa la batalla entre Alejandro Magno y Darío. 
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En 1863, tras la caída de los Borbones y la incorporación de Nápoles al reino unificado de Italia, la excavación asumió la dirección del arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli.  La revolución de este arqueólogo reside en el riguroso método arqueológico que puso en práctica.  Dividió Pompeya en nueve regiones, subdivididas a su vez en ínsulas (manzanas) y umbrales, con el fin de localizar con exactitud cada uno de los edificios excavados en la ciudad.  De ahí la numeración de las casas que se sigue hoy día; por ejemplo, la casa de Menandro es I. 10. 4, es decir Región I, Ínsula 10, Umbral 4.  Además, Fiorelli impuso la excavación de los edificios desde arriba y no desde los túneles abiertos en las calles, como se había hecho siempre para evitar que las paredes se desplomaran, como ya había ocurrido.  Fiorelli, causó sensación con su idea de crear moldes de las víctimas de la erupción; para ello inyectó yeso en los huecos que habían dejado bajo la capa de cenizas volcánicas los cuerpos de las victimas al descomponerse.  Decidió autorizar el acceso a las excavaciones a todo el mundo, previo pago de una entrada para que cualquier ciudadano se pasease por las calles de la antigua ciudad.  Hasta entonces, sólo los personajes de alcurnia habían obtenido permiso para acceder a las ruinas. 
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Al entrar el siglo XX, sobre todo en el 1923, bajo el régimen farcista de Benito Mussolini, las autoridades pusieron enormes fondos a disposición de Amedeo Maiuri, el nuevo director del yacimiento a partir del 1924.  Gracias a ello, se sucedieron nuevos descubrimientos, como el de la villa de los Misterios, con sus sensacionales frescos de contenido mistérico, o la casa de Menandro, excavada por Maiuri entre el 1926 y 1932.
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En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, una serie de bombardeos dañaron los restos arqueológicos.  Pero terminado el conflicto, los trabajos reanudaron.   Parte de los materiales desenterrados se utilizaron para la construcción de la autopista Nápoles-Salerno y como tierra fértil para los cultivos de la zona.  A partir de los años 60’ se desenterraron tres nuevas casas: las de Fabio Rufo, Julio Polibio, y la de los Castos Amantes.
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En la actualidad, 25 héctareas partes del yacimiento, un tercio del total, aún no han visto la luz.   Lo más difícil para los arqueólogos es la conservación de los edificios, mosaicos y frescos ya descubiertos, debido a la actual crisis económica.


Referencia

Revista Historia de NG, número 115, página 51.




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