La Historia investiga, analiza y registra el pasado del hombre. Los acontecimientos ocurridos, sus causas, su desarrollo geográfico, social y las consecuencias de los mismos. Que nos sirve de base para la comprensión del presente. Al hablar del pasado del hombre entendemos que todas las acciones, pensamientos y obras cuya trascendencia modificó, alteró o impulsó un proceso social.

23 de agosto de 2014

Leyendas Urbanas de la Edad Media

. 23 de agosto de 2014
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  El término Edad Media fue acuñado en el siglo XV, específicamente en los textos del humanista italiano Flavio Biondo y en un documento del obispo Giovanni Andrea Bussi.  Este clérigo definió como “medias tempestas”-épocas medias, en latín-los casi mil años que habían transcurrido desde la caída del Imperio Romano hasta su época y que los hombres de letras empezaron a descubrir como una etapa sombría que se había interpuesto entre los gloriosos tiempos clásicos y el resplandeciente mundo moderno.  Enterrar la “barbarie medieval” para recuperar los valores de la cultura grecorromana fue la obsesión de la época, bautizada como Renacimiento por el historiador del arte del siglo XV Giorgio Vasari.
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Más adelante fueron los ilustrados del Siglo de las Luces quienes contribuyeron a aumentar su mala fama, al retratarlo como un periodo irracional y violento, dominado por la cruz y la espada.  Sin embargo, a finales del siglo XVIII los movimientos nacionalistas revirtieron la tendencia.  Lanzaron una idea más positiva, si bien igualmente distorsionada, de una Edad Media en la que buscaban los orígenes heroicos de sus incipientes estados.  La literatura también aportó una visión romántica, con sus tópicos sobre el amor cortés y las gestas épicas, estereotipos difundidos luego en novelas y películas, poco fieles al contexto histórico real. 
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Todo esto ha llevado a la creencia errónea generalizada de que el Medievo consistió en diez siglos de ignorancia y oscurantismo durante los cuales no se inventó nada importante.  No obstante la medievalista italiana Chiara Frugoni recuerda que fue entonces cuando surgieron varios de los pequeños adelantos que mejoraron nuestra vida: desde los objetos de uso diario, caso de botones, tenedores y pantalones, a aparatos como la brújula, las gafas, la imprenta de caracteres móviles y el reloj mecánico.
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También empezaron a configurarse instituciones como los bancos y las universidades, y fue en esa supuesta época oscura cuando se difundieron las notas musicales y los números árabes, además del ajedrez y los juegos de cartas.  En la Baja Edad Media, según el historiador francés Jean Gimpel, “Europa occidental conoció un periodo de intensa actividad tecnológica, fecundo en invenciones, todo un adelanto de la revolución industrial inglesa del siglo XVIII”.
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Algunos europeos en ésta era, llegaron a lugares remotos por primera vez: por ejemplo, Marco Polo, quien cruzó toda Asia, en el siglo XIII, hasta llegar a China y el vikingo Leif Eriksson, (hijo de Erik el Rojo) desembarcó en Norteamérica hacia el año 1,000. 
Jacques Heers, director de Estudios Medievales de la universidad parisina La Sorbona, explica que en el siglo XIV había muchos maestros remunerados, profesionales laicos con formación universitaria que enseñaban letras, matemáticas y catecismo a los niños de la ciudad.
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Recientemente, expertos han cuestionado la proverbial ignorancia del hombre medieval.  El escritor Umberto Eco cree que es falso, como se ha dicho, que hasta el viaje  de Colón todo el mundo pensaba que la tierra era plana.  En realidad, la noción de la esfericidad de nuestro planeta ya la habían asumido los sabios de la antigua Grecia, y no había sido olvidada en la Edad Media.  En el siglo VII, Isidoro de Sevilla mencionó el círculo ecuatorial y en el siglo XV Fra Angelico pintó la catedral de Orvieto un Cristo-Juez con un globo terráqueo en la mano. 
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De ahí que los Sabios de Salamanca, durante mucho tiempo tachados de incultos por la historiografía, tuviese razón al intentar impedir el viaje a las Indias: no cuestionaban que la Tierra fuera redonda, sino los cálculos erráticos sobre la extensión del océano, que el almirante genovés consideraba demasiado pequeño.  De hecho, si las carabelas no se hubiesen tropezado con América, la expedición habría sido un fracaso.  Otro estereotipo se refiere a la supuesta sumisión de la población medieval a las supersticiones, la exaltación mística y los miedos irracionales.  De ahí surgió la idea ampliamente difundida de que, en vísperas del año 1000, en toda Europa cundió el pánico ante la inminente llegada del Apocalipsis.
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Un día se llegó a decir que todo el mundo dejó su trabajo y su vida familiar para dedicarse a la oración, las obras de caridad o la peregrinación a la Tierra Santa-los más pudientes-, pero de ese sombrío escenario no hay ni rastro en los documentos de la época.  Según el periodista italiano Indro Montanelli, los archivos conservados prueban que “ni siquiera en aquel fatídico diciembre los hombres renunciaron a sus costumbres de casarse, engañarse, matarse o estafarse.
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También se ha hablado del supuesto vandalismo de la sociedad medieval, a la que se acusa de reducir a ruinas los monumentos de la Antigüedad clásica.  Pero en muchas ocasiones los verdaderos responsables de pillajes y devastaciones no fueron los incultos hombres medievales, sino las estrellas del sofisticado Renacimiento.  Algunos historiadores han señalado que el Foro Romano no fue expoliado en la Edad Media, sino durante el papado de Julio II (1443-1513), que usó las maravillas antiguas de la capital italiana como una cantera para conseguir el mármol que necesitaba en sus nuevas obras arquitectónicas.  Según testigos de la época, a finales de la Edad Media los templos y monumentos del Foro aún se conservaban casi intactos.
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Y qué decir de la supuesta falta de higiene imperante? Pese a lo que se ve en algunas películas, no es verdad que la gente se lavara sólo dos o tres veces al año.  Según el historiador alemán Johannes Bühler, “los baños calientes fueron durante todo el Medievo una práctica muy extendida, vista como motivo de placer y práctica sanitaria”.  Las casas de baños eran numerosas ya en la Alta Edad Media, y posteriormente fueron introducidos en Occidente también los de vapor, una costumbre de origen eslavo.
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En cuanto a supuesta escasez de alimento, es cierto que la población europea pasó periodos de carestía, pero las hambrunas no fueron una constante durante diez siglos.  Según el año 1000, Roberto Lacey y Danny Danziger, las excavaciones arqueológicas muestran, por ejemplo, que los individuos que vivieron en Inglaterra entre los siglos X y XI tenían cuerpos fuertes y sanos, de una altura parecida a la de los actuales, gracias a una dieta sencilla pero en absoluto precaria.
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Gran parte de los estereotipos sobre la Edad Media se refieren a la mujer, pero también deben ser revisados.  Algunas investigaciones han desmentido que fueran obligadas a casarse siendo adolecentes o incluso niñas.  Generalmente llegaban al matrimonio bien entradas en la edad adulta, salvo las pertenecientes a la nobleza o la realeza, cuyas familias negociaban las uniones cuando aún no habían abandonado la infancia por conveniencias dinásticas o territoriales.
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Para el historiador francés Jean Gaudemet, sobre todo en los medios rurales las féminas no se casaban pronto, “posiblemente para controlar la natalidad”.  El catedrático de la Universidad de Valladolid Alberto Marcos Martin asegura que “desde la Baja Edad Media, en Occidente comenzó a generalizarse el modelo de matrimonio tardío”, que se consolidó plenamente en el siglo XVIII, cuando la edad de las contrayentes se situó como promedio entre los 25 y los 28 años.
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Otro tópico muy difundido es la costumbre de los cruzados de asegurar la fidelidad de sus esposas por medio del cinturón de castidad, pero los expertos coinciden en que se trata de una falacia, ya que nadie podría sobrevivir durante meses-o incluso años-llevando puesta una herramienta de hierro que impediría  incluso los más sencillos hábitos de higiene intima.  Y lo mismo podría decirse sobre el estereotipo relativo al derecho de pernada (lus primae noctis…En latín, derecho de la primera noche, cuya aplicación es muy discutida por los historiadores), según el cual las siervas de la gleba, al contraer matrimonio, tenía la obligación de entregarse sexualmente a su señor feudal.  La medievalista francesa Régine Pernoud llegó a afirmar que era una disparatada invención de algunos historiadores, verdadera prueba de que la Edad Media ha sido víctima de un complot. 
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En el imaginario colectivo la hoguera también forma parte del mundo medieval,  que se suele relacionar con la atroz persecución a las mujeres que fueron acusadas de brujería, aunque en realidad no tuvo lugar en esa época.  Es cierto que la Inquisición fue creada en el siglo XII, pero la verdadera caza de brujas constituyó un fenómeno que se desarrolló en la Edad Moderna.  Según Brian P. Levack, profesor de la Universidad de Texas en Austin, “no comenzó hasta el siglo XV, y concluyó a mediados del siglo XVIII”.
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De todas formas, sería un grave error si de todo esto concluyéramos que la Edad Media resultó ser un tiempo feliz marcando por el progreso y la convivencia pacífica.  Muchos investigadores se ponen en guardia frente al surgimiento de nuevos falsos mitos-esta vez positivos-que ofrecen una imagen igualmente distorsionada de la historia.  Por ejemplo, para el medievalismo francés Jacques Heers no es cierto que tras el declive del Imperio Romano se acabara con la lacra de la esclavitud y el comercio de seres humanos, que habían sido clave en la economía y la composición social de las civilizaciones antiguas.  En su opinión, “durante todo el periodo medieval existieron en Europa auténticos esclavos que fueron objeto de compras, ventas y reventas”.
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Bryan Ward-Perkins, investigador de Trinity College de Oxford, rechaza la teoría, muy popular en estos últimos años, de que las poblaciones germánicas-los bárbaros-, que irrumpieron en el centro y sur de Europa en los siglos IV y V, eran comunidades pacificas cuya entrada no fue a través de invasiones guerreras, sino de una simple migración que los llevó a traspasar las fronteras del Imperio romano.  No se trata de pasar de una imagen extremadamente sombría de la Edad Media a otra exaltada y romántica.  “Para el término medio sigue habiendo poco o ningún espacio”, lamenta Ward-Perkins.


Referencia
Revista Muy Interesante
Reportaje realizado por: Dario Migliucci
# 372, mayo 2012
Páginas 80-84




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17 de junio de 2014

Erasmo

. 17 de junio de 2014
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Nació el 28 de octubre del 1466 en Gouda, una ciudad muy cerca de Rotterdam en Holanda y murió el 12 de julio de 1536 en Basilea, Suiza. Su nombre original fue Geert Geertsz y conocido también como Gerrit Gerritszoon.
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Fue el más grande humanista del Renacimiento, filósofo y teólogo que criticó los abusos de la Iglesia mediante su Obra "Los Adagios" en donde según él, la institución religiosa, los colegios y las universidades impedían pensar bien. Éstos fueron publicados en el año 1508 en Venecia. En ellos menciona 200 veces a Homero y a Sófocles.
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Una de sus frases fue: "Ya no hay espacio para la libertad de pensamiento, para la comprensión y la tolerancia es decir, ya no hay espacio para Erasmo".
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Sus críticas fueron hacia los frailes que ganaban dinero vendiendo el paraíso, contra la compra y venta de bienes materiales, cargos eclesiásticos, la inmoralidad y las promesas de oraciones.
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En 1492 fue ordenado sacerdote en la orden de San Agustín. Esto es interesante ya que su frase "La sabiduría es la madre y raíz de todos los males" es muy parecida a la frase de San Agustín, el cual decía: " La valentía es la madre de todos los herejes".
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Erasmo, defendía la libertad de pensamiento como base fundamental para que el ser humano pudiera elevar y purificar su espíritu a través del enriquecimiento del intelecto, del cuidado de la moral, de la ética y del respeto a la obra divina.
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En 1499 viajó a Inglaterra donde entabló amistad con Tomás Moro y John Colet.  En 1504 trabajó en una nueva versión crítica del Nuevo Testamento, y se realizó una nueva edición en traducción latín y en griego. Ésta versión griega del Nuevo Testamento fue la base de la versión inglesa. De hecho, en esta nueva traducción se basó Martín Lutero para llevar a cabo su trascendental estudio científico de la Biblia, del cual sacaría el fundamento para sus ideas posteriores.
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En 1509 publicó "Los elogios de la locura", es una sátira de la sociedad de la época, hacia la iglesia y su anticuado método eclesiástico. En 1514 se trasladó a Alemania, aquí fue designado consejero del rey Carlos V, además de que contó con su protección, Erasmo también le dedicó su obra "Doctrina del príncipe cristiano" en 1516.
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Escribió sobre el libre albedrío, en el que mantuvo un debate con Martin Lutero sobre sus ideas religiosas. Lutero fue el primer hombre que se rebela con éxito contra la jerarquía católica y, con sus ideas, crea una Iglesia distinta de la católica.  La iglesia lo acusó de haber dado inicio a la Reforma de Lutero, que terminaría por dividir al cristianismo. Una frase célebre de este evento es: "Usted puso el huevo y Lutero lo empolló", a lo que el teólogo respondió con la no menos conocida ironía: "Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”.
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 Sus ideas se difundieron por toda Europa dando lugar a la corriente ideológica el "erasmismo".

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30 de mayo de 2014

Giordano Bruno

. 30 de mayo de 2014
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El filósofo que desafió la inquisición en la Europa del siglo XVI

“Sus ideas revolucionarias ideas sobre el universo y la religión le valieron la implacable persecución de los inquisidores de Roma, que lo procesaron y lo condenaron a morir en la hoguera”.
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Se hacía llamar “el Nolano”, por haber crecido en Nola, una localidad próxima a Nápoles (Italia).  A los 15 años partió hacia Nápoles, donde intentó encauzar su exaltada religiosidad ingresando en un convento de la orden de los dominicos, pero muy pronto empezó a causar revuelo por su carácter indócil y sus desafíos a la autoridad.  Por ejemplo, quitó de su celda los cuadros de vírgenes y santos, y dejó tan sólo un crucifijo en la pared.  En otra ocasión le dijo a un novicio que no leyera un poema devoto sobre la virgen.  Estos hechos eran considerados una forma de protestantismo, en unos años en que la Iglesia perseguía en Italia a todos los seguidores de Lutero y Calvino. Es por ello, que Bruno fue denunciado a la Inquisición pero la acusación no tuvo mayores consecuencias y Bruno pudo seguir sus estudios.  A los 24 años fue ordenado sacerdote y a los 28 obtuvo su licenciatura como lector de teología en su convento napolitano.
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Más tarde comenzó a leer los libros del humanista holandés Erasmo, prohibidos por la Iglesia, en ellos decía que no todos los herejes eran ignorantes.  Se interesó también por la emergente literatura científica, que incluía desde los alquimistas hasta la nueva astronomía de Copérnico.
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Desde entonces fueron germinando en la mente de Bruno ideas enormemente atrevidas, que ponían en cuestión la doctrina filosófica y teológica de la Iglesia.  Bruno al igual que Copérnico, rechazaba que la Tierra fuera el centro del cosmos y llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios.  Bruno tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos y que no había diferencia entre materia y espíritu, de modo que la trasmutación del pan en carne y el vino en sangre, en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad.
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Bruno entonces, no dudó en mantener estas ideas, por lo que constantemente había muchas discusiones con sus compañeros.  Fue por ello que en 1575 fue acusado de herejía ante el inquisidor local, pero decide huir de Nápoles.
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A partir de ese momento, se convirtió en fugitivo.   En los próximos 4 años pasó por Roma, Génova, Turín, Venecia, Padua y Milán.
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Durante estos viajes, Bruno conoció a pensadores, filósofos, y poetas que se sintieron atraídos por sus ideas y se convirtieron en sus amigos, y le ayudaron a publicar sus obras.  Tras pasar tiempo en Ginebra, Lyon, Toulouse, en 1581 llegó a París.  Su fama le llevó a ser aceptado por grupos influyentes.  El propio rey Enrique III se sintió atraído por sus disertaciones y, aunque no podía apoyar sus ideas de manera abierta, le extendió una carta de recomendación para que se trasladara a Inglaterra.  En Londres, se alojó en la casa del emperador francés y fue presentado a la reina Isabel.  Tras casi tres años allí, continúo viajando por París, Helmstedt, Fráncort y Zúrich. 
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Estando en la ciudad de Fráncort, recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, quien mostró gran interés en sus obras, invitándole a Venecia para enseñarle sus conocimientos a cambio de grandes recompensas.  Sus amigos le advirtieron del riesgo de volver a Italia, pero el filósofo aceptó la invitación y finales del 1591 regresó a Italia.  Allí asistía a las sesiones de la Academia degli Uranini, un lugar donde se reunían ocultistas famosos, académicos e intelectuales liberales, también daba clases en la Universidad de Padua.
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En mayo de 1592, decidió volver a  Fráncort para supervisar la impresión de sus obras.  Mocenigo insistió que se quedara, y pospuso su viaje de regreso para el día siguiente.  Estos fueron sus últimos momentos en libertad.  Al amanecer del 23 de mayo de ese año, Mocenigo entró en la habitación de Bruno con algunos gondoleros, que sacaron al filósofo de la cama y lo encerraron en un sótano oscuro.  Al día siguiente llegó un capitán con grupo de soldados y una orden de la Inquisición para arrestarlo y confiscar todos sus bienes y libros. 
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Tres días después, dio comienzo el juicio.  El primero en hablar fue el acusador, Mocenigo, quien trabajaba hacia años para la Inquisición.  Tras declarar que había tendido una trampa a Bruno, proporcionó una larga lista de ideas heréticas que había oído del acusado, muchas fueron distorsionadas y otras inventadas.  Dijo que Bruno se burlaba de los sacerdotes y que sostenía que los friales eras unos asnos y que Cristo utilizaba la magia.  Cuando Bruno fue interrogado, explicó que sus obras eran filosóficas y en ellas, sostenía que “el pensamiento debería ser libre de investigar con tal de que no dispute la autoridad divina”.  
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Bruno creía que podría convencer al tribunal, pero en febrero de 1593 fue puesto en manos de la Inquisición Romana, pues éstos actuaban con más dureza.  Bruno pasó 7 años en la cárcel, junto al palacio del Vaticano.  Aquí encerraban a los prisioneros en celdas oscuras y húmedas, de las cuales se podían escuchar los gritos de los prisioneros torturados y donde el olor a cloaca era insoportable.  Cuando compareció ante el tribunal, en enero del 1599, ya era un hombre delgado y demacrado, pero a pesar de eso jamás perdió su determinación.  Se negó a retractarse y los inquisidores le ofrecieron cuarenta días para reflexionar pero éstos cuarenta días se convirtieron en nueve meses de encarcelamiento. 
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El 21 de diciembre de 1599, fue llamado nuevamente ante la Inquisición, pero él se mantuvo firme en su negativa a retractarse.  El 4 de febrero del 1600 se leyó su sentencia.  Bruno fue declarado hereje y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro e incluidos en el Índice de Libros Prohibidos.  Luego la Inquisición transfirió a  Bruno al tribunal secular de Roma para que lo castigaran por su delito sin derramamiento de sangre.  Esto significaba que debía ser quemado vivo.  Tras escuchar la sentencia Bruno dijo: “El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla”. 
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El 19 de febrero, a las 5:30 de la mañana, Bruno fue llevado al lugar de ejecución, el Campo dei Fiore.  Para que no hablara a los espectadores, le paralizaron la lengua con una brida de cuero, o quizás con un clavo.  Cuando ya estaba atado al poste, un monje se inclinó y le mostró un crucifijo, pero Bruno volvió la cabeza.  Las llamas consumieron su cuerpo y sus cenizas fueron arrojadas al Tíber. 
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26 de mayo de 2014

Pompeya

. 26 de mayo de 2014
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Mejor conocida como “La Ciudad Desenterrada” desde que un ingeniero español iniciara las excavaciones en el siglo XVIII, los arqueólogos han sacado a la luz, la antigua ciudad romana sepultada por la terrible explosión del Vesubio en el año 79 d.c.
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La ciudad que había desaparecido del mapa entre el 24 y el 25 de agosto del año 79 d.c. por la erupción del Vesubio, el cual sepultó la ciudad y otras localidades como Herculano y Estabia.
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No fue hasta el año 1738 cuando el futuro Carlos III de España, para ese entonces, rey de Nápoles, encargó al ingeniero militar español, Roque Joaquín de Alcubierre, que iniciase las excavaciones.  Empezando por la ciudad de Herculano una zona muy difícil ya que estaba bajo una capa solidificada de lava que llegaba a alcanzar los 26 metros de espesor.  Allí se desenterraron estatuas y por ello el monarca decidió en el año 1748 ampliar la búsqueda en la zona de Pompeya.  Al comienzo de esas excavaciones, nadie sospechaba que se trataba de la ciudad de Pompeya hasta que fue identificada como tal en el año 1763.
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Las excavaciones en Pompeya fueron mucho más fáciles ya que había quedado cubierta por una capa menos gruesa de cenizas y “lapilli” (pequeñas piedras expulsadas durante la erupción).  En un principio no encontraron las estatuas por que el rey suspiraba.  Durante dos años excavaron el anfiteatro y las vías de los Sepulcros.  Luego cuando reanudaron excavaciones en el año 1755 aún bajo la dirección de Alcubierre, quien se mantuvo en la dirección hasta el 1780. 
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Algunos de los hallazgos fueron la Villa de Cicerón, la finca de Julia Félix, el teatro Grande, el odeón, la villa de Diomedes y el templo de Isis.  El templo de Isis era el primer espacio sacro que se excavaba en Pompeya, el mejor conservado y el primer santuario egipcio que podían ver con sus propios ojos los europeos. 

Con estas excavaciones empezó a desarrollarse la arqueología como disciplina, ya que apenas estaba en sus orígenes.  Esta excavación permitió ofreció la oportunidad de recuperar una ciudad romana completa y de entrar en contacto con la vida cotidiana de los antiguos romanos, conservando sus alimentos carbonizados, sus muebles, sus vestidos y hasta las huellas de los carros.
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En 1780, un colaborador de Alcubierre, se hizo cargo de las excavaciones y se preocupó por conservar los descubrimientos.  Por ejemplo, hizo techar las construcciones para las pinturas y otras antigüedades pudieran conservarse “in  situ” (en el lugar) y también ordenó reponer algunos monumentos que habían sido trasladados al museo de la localidad de Portici, donde el rey Carlos III tenía un museo.
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En 1808, con la llegada al trono de Nápoles, Joachim Murat, su esposa Carolina y hermana del emperador Napoleón, quien mostró especial interés en las excavaciones.  Desde entonces tuteló y controló personalmente los trabajos dirigidos por Pietro La Vega, hermano de  Alcubierre, el primer director.  Durante esos años se excavó todo el perímetro de la muralla, las puertas de la ciudad y algunas calles importantes.  También, se unieron zonas que habían sido excavadas de manera aislada y se trabajó en el foro.  Alrededor del año 1815, se recuperaron los edificios más celebres de Pompeya, como la casa del Fauno, donde se halló el mosaico que representa la batalla entre Alejandro Magno y Darío. 
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En 1863, tras la caída de los Borbones y la incorporación de Nápoles al reino unificado de Italia, la excavación asumió la dirección del arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli.  La revolución de este arqueólogo reside en el riguroso método arqueológico que puso en práctica.  Dividió Pompeya en nueve regiones, subdivididas a su vez en ínsulas (manzanas) y umbrales, con el fin de localizar con exactitud cada uno de los edificios excavados en la ciudad.  De ahí la numeración de las casas que se sigue hoy día; por ejemplo, la casa de Menandro es I. 10. 4, es decir Región I, Ínsula 10, Umbral 4.  Además, Fiorelli impuso la excavación de los edificios desde arriba y no desde los túneles abiertos en las calles, como se había hecho siempre para evitar que las paredes se desplomaran, como ya había ocurrido.  Fiorelli, causó sensación con su idea de crear moldes de las víctimas de la erupción; para ello inyectó yeso en los huecos que habían dejado bajo la capa de cenizas volcánicas los cuerpos de las victimas al descomponerse.  Decidió autorizar el acceso a las excavaciones a todo el mundo, previo pago de una entrada para que cualquier ciudadano se pasease por las calles de la antigua ciudad.  Hasta entonces, sólo los personajes de alcurnia habían obtenido permiso para acceder a las ruinas. 
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Al entrar el siglo XX, sobre todo en el 1923, bajo el régimen farcista de Benito Mussolini, las autoridades pusieron enormes fondos a disposición de Amedeo Maiuri, el nuevo director del yacimiento a partir del 1924.  Gracias a ello, se sucedieron nuevos descubrimientos, como el de la villa de los Misterios, con sus sensacionales frescos de contenido mistérico, o la casa de Menandro, excavada por Maiuri entre el 1926 y 1932.
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En 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, una serie de bombardeos dañaron los restos arqueológicos.  Pero terminado el conflicto, los trabajos reanudaron.   Parte de los materiales desenterrados se utilizaron para la construcción de la autopista Nápoles-Salerno y como tierra fértil para los cultivos de la zona.  A partir de los años 60’ se desenterraron tres nuevas casas: las de Fabio Rufo, Julio Polibio, y la de los Castos Amantes.
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En la actualidad, 25 héctareas partes del yacimiento, un tercio del total, aún no han visto la luz.   Lo más difícil para los arqueólogos es la conservación de los edificios, mosaicos y frescos ya descubiertos, debido a la actual crisis económica.


Referencia

Revista Historia de NG, número 115, página 51.




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