La Historia investiga, analiza y registra el pasado del hombre. Los acontecimientos ocurridos, sus causas, su desarrollo geográfico, social y las consecuencias de los mismos. Que nos sirve de base para la comprensión del presente. Al hablar del pasado del hombre entendemos que todas las acciones, pensamientos y obras cuya trascendencia modificó, alteró o impulsó un proceso social.

29 de junio de 2012

La Ilustración

. 29 de junio de 2012
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La Ilustración fue un amplio movimiento cultural nacido en Inglaterra en el s. XVII y difundido luego en Francia y en el resto del continente con el objetivo de emancipar a la humanidad del fanatismo religioso y de la ignorancia mediante un uso correcto de la razón. Kant lo definió como "la salida del hombre de la minoría de edad [la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la ayuda de otro], imputable sólo a sí mismo y debida no a un defecto de inteligencia, sino a una falta de valentía. ¡Ten la valentía de usar toda tu inteligencia! Ésa es la máxima de la Ilustración".
Del Empirismo inglés, la Ilustración asumió el valor de la experiencia y de la concreción de un estilo científico basado en la verificación experimental constante de las teorías, y reconoció en la física clásica el modelo de toda investigación realizada de manera estricta y con gran rigor.
Más complicadas fueron las relaciones con el Racionalismo francés. Por una parte, la Ilustración heredó el deseo de claridad y la exigencia de verdades evidentes hasta el punto de ser incontrovertibles; por otra, rechazó su espíritu de sistema, la idea del deduccionismo cartesiano según la cual el intelecto debe fundamentar axiomas de los que deducir todas las verdades del mundo.
La Ilustración, efectivamente, rechazó convertir la racionalidad en un factor absoluto, la única fuente de todo el conocimiento. La razón iluminada no es un ente metafísico, sino un instrumento útil: debe ser usada por el hombre, no dominarlo. Frente a la férrea racionalidad lógica, es preferible la razonabilidad, una versión de ésta más débil que no tiene la pretensión de ser infalible, pero que se muestra productiva, capaz de combinarse con la experiencia y la complejidad real del mundo.
La razonabilidad debe usarse de forma constructiva sometiendo a su crítica todos los aspectos de la vida privada y social, especialmente las áreas del pensamiento tradicionalmente sujetas a la autoridad religiosa (como la ética y la política). La Ilustración fue un movimiento decididamente comprometido en la transformación del mundo: su programa, extender al mayor número de personas la máxima felicidad posible, se convirtió en una de las causas profundas de la Revolución francesa.
El tema filosófico más importante de la Ilustración fue la vuelta a la naturaleza (Buen salvaje), vista como el lugar de la autenticidad y de la racionalidad, en contraposición a todo lo artificioso y arbitrario producido por la cultura del pasado. El principal objetivo polémico de los Philosophes ilustrados fue, efectivamente, el fanatismo, que consideraban intrínseco a toda religión positiva (porque todas se consideran portadoras de una verdad absoluta y, por lo tanto, se arrogan el derecho de reprimir la disensión). La fe (como creencia racional) y el principio de auctoritas deben ser sustituidos por una religión natural (en los límites establecidos por la razón), según los principios del deísmo: se atribuyen a Dios solamente las cualidades que la racionalidad considera plausibles (no ciertas), como la creación del mundo, la existencia de un premio o un castigo después de la muerte, y pocas más.


Fuente bibliográfica: Manual de Filosofía
© 2011 EDITORIAL OCEANO
Referencia bibliográfica:
Código documento: 553046

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15 de junio de 2012

La mujer en Grecia y Roma

. 15 de junio de 2012
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El Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid y la Universidad de Alcalá de Henares organizan desde hoy la cuarta edición de las Primaveras grecorromanas, un ciclo de conferencias anual en el que destacados especialistas clásicos analizan distintos aspectos de Grecia y Roma. El eje de la edición de este año es el papel de la mujer en la Antigüedad, sus aportaciones tanto en la sociedad helénica como en la romana.
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El programa de actividades se completa con una visita a la ciudad portuguesa de Coimbra y al yacimiento arqueológico romano de Conimbriga y con la celebración de un cine-fórum -12 y 26 de mayo, a las 10:30 -, en el que se proyectarán y comentarán las películas Las troyanas y Cleopatra.
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Óscar MEDEL

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La participación de la mujer en la conquista de América

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El Museo Naval de Madrid explora el rol de la mujer en la colonización de América y en la configuración de la sociedad novohispana. La exposición, que recupera el perfil biográfico de notables políticas, guerreras y comerciantes y muestra todo tipo de objetos cotidianos, permanecerá abierta hasta el 30 de septiembre.
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Explorar la presencia y participación activa de la mujer en la conformación del Nuevo Mundo: ése el foco de la exposición No fueron solos. Mujeres en la conquista y colonización de América, que presenta el Museo Naval de Madrid hasta el 30 de septiembre de 2012. Un recorrido por un momento crucial de la historia de España y América que repasa en cuatro apartados los puntos de inflexión del beligerante encuentro entre dos culturas: la intervención de Isabel la Católica para echar por tierra el escepticismo de la Corte respecto al viaje de Colón; la travesía a las Indias y la colisión de dos mundos; el mestizaje y el papel desempeñado por la mujer en la creación del tejido social y económico del Nuevo Mundo; y la cimentación de un legado sociocultural que llega hasta nuestros días.
Entre ellas, María de Toledo, virreina de las Indias Occidentales; Beatriz de la Cueva, gobernadora de Guatemala y de los virreinatos; Mencía Calderón, que atravesó 1.600 kilómetros de selva amazónica al frente de 50 mujeres; o Isabel Barreto, la primera -y única- almirante de la Armada, líder de una expedición por el Pacífico que es considerada la travesía mas larga por ese océano hasta entonces.
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Heroínas que se desprenden de las cifras oficiales de la época: siglo XVI, momento en el que hay constancia de un número de 45.327 viajeros, de los que 10.118 eran mujeres de procedencia andaluza (50%), castellana (33%) y extremeña (16%). Entre ellas, María Escobar, que introdujo el trigo en América, o Mencía Ortiz, creadora de una compañía de transporte de mercancías en Indias. Viajeras entre las que también se cuenta Inés Suárez, correligionaria de Pedro de Valdivia en la conquista de Chile, con el que cruzó el desierto de Atacama y participó en la defensa de Santiago; María de Estrada, miembro de la expedición de Hernán Cortés en México; Beatriz Bermúdez de Velasco, soldado en la conquista de Tenochtitlán, obligando, espada en mano, a volver a la batalla a los españoles que se rendían; o Catalina de Erauso, que abandonó un convento en España para viajar al Nuevo Mundo y combatir como soldado de infantería en los reinos de Chile y Perú.
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Mujeres, todas ellas, que iniciaron un viaje a las Américas en condiciones tan lamentables como el varón: en naos y galeones en los que cualquier rincón valía para dormir entre crujientes maderas plagadas de ratas y chinches. Un viaje que, desde el punto de vista social, en cambio, podía suponer un escape del vigilado rol tutelado que padecían en España con respecto al varón.
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La exposición, que reúne un notable conjunto de objetos de uso cotidiano, ilustra el estilo de vida de una sociedad novohispana en plena conformació, donde no sólo vivían las mujeres españolas llegadas a América, sino las indias con las que se casaron o amancebaron los españoles, y las criollas, que desempeñaron un papel decisivo en la conservación de las tradiciones y en la consolidación del modelo de vida familiar que dio origen a la sociedad hispano-criolla.
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Objetos entre los que el visitante puede encontrarse bellas piezas de madera, como una arqueta de ébano, hueso y nogal de principios del siglo XVI; una rueca de finales de ese mismo siglo; un escritorio mexicano de cedro y hierro y una farmacia de viaje, ambos del XVII, y el mascarón de proa de la fragata Diana, que representa un ideal de mujer a caballo de la mitología clásica y la mujer nativa, característico de este tipo de piezas.
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Una colección de objetos que incluye igualmente prendas de vestir y adornos femeninos, como un jubón de seda, lino y cordoncillo (1580-1620), una casaca o peto de seda, lino y algodón (1760) y una camisa femenina o huipil maya, blusa indígena por excelencia desde la época prehispánica hasta la actualidad.
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Entre las joyas y complementos expuestos, se exhibe un precioso pinjante de oro, esmalte y perla berrueca en forma de rana (hacia 1500), cuya suntuosidad contrasta con la depuración de un tupu inca de cobre y  bronce (1400-1533), alfiler femenino de origen andino usado también en las figuras votivas como adorno del cabello o para sujetar el manto. Un ornamento, muy apreciado en su época, exquisitamente decorado y que marcaba a el estatus de su portadora dentro de la estricta jerarquía de la sociedad colonial.
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Igualmente riquísimo es el estribo femenino de plata y piedra semipreciosa procedente del virreinato del Perú (s. XVIII), profusamente labrado, y que venía a expresar el poderío social de las mujeres criollas, que utilizaban lujosos objetos en sus actividades recreativas, en este caso, para la equitación. Objetos entre los que cabría incluir igualmente las despabiladeras de plata (s. XVI), una especie de tijeras para cortar el pábilo de las velas, y que, de nuevo, ilustran el interés de la sociedad colonial por rodearse de elementos ornamentales y prácticos que expresen su poder económico. Un interés que transformaba cualquier objeto banal en una obra de arte.
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Y como contexto histórico de tanto objeto bello, otra joya de la exposición: la primera obra cartográfica que representa el continente americano, obra de Juan de la Cosa (1500), y que plasma los descubrimientos geográficos realizados entre 1492 y finales de 1500, con la intención de mostrárselos a los Reyes Católicos.
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Un mapa sobre el que haría penetrar sus hondas raíces el mosaico racial y cultural de la nueva sociedad hispana. Un sistema social en el que los criollos, dueños y herederos legítimos de la Nueva España, hacían valer sus privilegios frente a los indios y mestizos, si bien estaban en clara desventaja, a su vez, frente a los españoles de la metrópoli. Complejidades y contradicciones de un sistema que se expresaría igualmente en el papel social de la mujer de la época a través de los sueños y objetos que manejó en su salto al Nuevo Mundo y tras el encontronazo de dos culturas tan dispares.

.Ana GARCÍA PIÑÁN


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El negocio de la prostitución en Roma

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Fresco de la Casa del Centurión, Pompeya,
 siglo I a. C, que muestra una escena erótica.
El historiador Robert Knapp repasa los pormenores socioeconómicos de los burdeles en el Imperio y Andrés Moreno Mengíbar revisa la evolución de este oficio en la historia de España, desde los visigodos hasta el vacío legal de la actualidad
En la época romana, las niñas y jóvenes podían asegurar su futuro a través del matrimonio o de ser explotadas sexualmente en beneficio de otra persona”, escribe el historiador Robert Knapp en la introducción del artículo Amor de pago, portada del número de junio de la revista La Aventura de la Historia. Un reportaje que recorre las condiciones de vida de las prostitutas en Roma en el ejercicio de una profesión que no siempre se ejercía libremente: muchos hombres, mujeres y niños esclavos eran obligados a ello. De hecho, muchas de las mujeres que ejercían la prostitución en Roma estaban en una situación desesperada  e incluso eran presionadas por sus familiares para que obtuvieran algunos ingresos extra, y, bien ejercieran el oficio de forma libre o forzada, era común que sufrieran malos tratos, escribe Knapp.
Las prostitutas romanas no eran perseguidas por la ley, pero no podían casarse con romanos libres, no podían redactar testamento ni recibir herencia, si bien en muchas ocasiones se ignoraban estas restricciones. El sistema legal las dejaba tranquilas: no entraba a juzgarlas moralmente y no las castigaba porque no violaban la ley, pero su libertinaje sexual les suponía cierta deshonra y a mediados del siglo I d.C., sus servicios comenzaron a ser gravados de manera que tenían que pagar una tasa.
En cuanto al número de prostitutas, se estima que una de cada cien mujeres era meretriz en Pompeya, por ejemplo, un porcentaje que sería mayor entre las mujeres de 16 a 25 años. En lo que se refiere a las condiciones de trabajo, las prostitutas ejercían en lupanares, tabernas, casas de comidas y baños públicos -en las termas suburbanas de Pompeya hay pinturas explícitas que muestran actividades sexuales cada vez más audaces-, o en la calle. De hecho, los mercados y las zonas de edificios públicos, sobre todo el teatro, ofrecían muchos posibles clientes.
Un ejemplo de las supuestas destrezas sexuales que se esperaba de las prostitutas se describe en la novela de Aquiles Tacio Leucipe y Clitofonte, habilidades que tenían un precio de alrededor de dos ases, un cuarto de denario, lo que suponía el pago de media jornada de un trabajador y dinero suficiente para sobrevivir diariamente durante buena parte de la época del Imperio Romano, según Knapp. Y mucho más de lo que una mujer podía ganar en cualquier otra ocupación.
Uno de los aspectos más trágicos del asunto eran los embarazos no deseados, que se resolvían mediante pociones abortivas que se autoadministraban en forma de supositorio vaginal o, una vez que nacían los niños, cometiendo infanticidio o abandonándolos.
El reportaje se completa con un artículo del historiador Andrés Moreno Mengíbar dedicado a la historia de la prostitución en la Península Ibérica: desde su persecución en la España visigoda hasta el vacío jurídico de la actualidad. Por el camino, la regulación del sexo de pago en burdeles oficiales en el otoño de la Edad Media por dos razones: la tendencia al retraso en la edad matrimonial de los varones y el aumento de la violencia sexual en las ciudades. Hasta que el siglo XVI se finalizó el proceso de apertura de estos espacios y las ordenanzas relativas a los mismos por los Concejos o la Corona.
En este momento histórico, los prostíbulos se situaban sobre todo en las grandes aglomeraciones urbanas, en los puertos o ciudades universitarias o con una importante población eclesiástica, en aquellas urbes donde se celebraban ferias y mercados importantes, y en las principales vías comerciales o ganaderas.
Los burdeles municipales pretendían domesticar la violencia urbana derivada de la crisis social bajomedieval, pero también ejercer un cierto control sanitario dado la expansión pandémica de la sífilis en el siglo XV. El cierre de este tipo de mancebías supuso el fin de la permisividad y el inicio de una larga etapa de represión que derivaría en una absoluta falta de control de este tipo de actividades y de su caída en las redes de la sordidez y la delincuencia.
En el siglo XVIII, con la higiene como valor ilustrado, se pretendió establecer una estricta compartimentación de los espacios de la esfera pública como expresión del temor de una prostitución descontrolada. Y ya en la bisagra de los siglos XIX y XX, Pedro de Cabarrús y Antono Cibat establecieron sendas propuestas para una nueva reglamentación de la prostitución, si bien no sería hasta mediados de 1840 cuando se empezaron a establecer los primeros controles legales.
En 1846, Málaga ya llevaba un registro de prostitutas locales, seguida por Zaragoza y Cádiz, que afrontó el establecimiento de un marco legal que circunscribía el ejercicio de la prostitución a los espacios cerrados y ocultos de las casas de tolerancia. Y finalmente, en 1935, se suprimió la legislación de la prostitución.
Durante la etapa franquista, se restableció el sistema de casas toleradas entre 1941 y 1956, año en el que España se adhirió a los convenios internacionales contra la trata de blancas y, en consecuencia cerró los registros municipales y los controles médicos y volvió a relegar a las prostitutas a una ilegalidad que continúa hoy.

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Jeroglíficos inéditos muestran que, para los mayas, el mundo no acababa en 2012

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Un equipo de arqueólogos estadounidenses ha encontrado los calendarios astronómicos mayas más antiguos de los que se tiene constancia grabados en piedra en las paredes de un edificio en Xultún (Guatemala), según publica hoy la revista Science.

Los jeroglíficos datan del siglo IX, lo que implica que son varios siglos más antiguos que los Códices Mayas, registrados en libros de 1300 a 1521. Y representan cifras de cálculos ligados a las fases lunares, un calendario ceremonial de 260 días, un calendario solar de 365 días, y cálculos con los ciclos anuales de los planetas
Marte (780 días), Venus (584 días) y Mercurio, según ha explicado el arqueólogo William Saturno, de la Universidad de Boston (EE UU), que dirigió la expedición y excavación. Según el investigador, “parece un episodio de televisión de la serie Big Bang Theory, un problema matemático geek que los mayas pintaron en la pared, que usaban como si fuera una pizarra”.

En los muros también aparecen hombres ataviados con uniformes negros y con una medalla colgada alrededor de sus cuellos. De hecho, el mural es la primera muestra de arte maya encontrada en las paredes de un edificio. La vegetación mantuvo cubiertos los yacimientos hasta 2010, cuando un estudiante discípulo de William Saturno la destapó. En aquel momento se organizó una exploración, que patrocinó la National Geographic Society. "Por primera vez hemos podido ver las anotaciones un escriba, cuyo trabajo era el de guardar los datos en la comunidad maya", explica Saturno.

Los grabados muestran que, contrariamente a las creencias populares, no hay ningún indicio de que el fin del mundo coincidirá con el fin del año 2012, añade el científico. "Los antiguos mayas predijeron que el mundo continuará y que en 7000 años las cosas serán exactamente cómo eran entonces", concluye.


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9 de junio de 2012

Agamenón, Aquiles y la caída de Troya

. 9 de junio de 2012
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Agamenón, conquistador de Troya: Poderoso rey de Micenas

Agamenón lideró a los griegos en la mítica guerra de Troya, hasta la toma de la ciudad. Pero a su regreso murió de forma trágica, a manos de su esposa y del amante de ésta.
Rey de reyes de la Grecia de la Edad del Bronce, Agamenón dirigió la inmensa flota que se lanzó a la conquista de la rica Troya, pero no pudo escapar a la maldición que pesaba sobre su linaje. Clitmenestra, su esposa, y Egisto, el amante de ésta, acaban de asesinarlo. Se ha cumplido la maldición que pesaba sobre la familia del rey desde que Atreo, padre de Agamenón, había matado a tres hijos de su hermano Tiestes, con quien se disputaba el trono de Micenas, para luego servírselos como manjar en un festín. Como narra Esquilo en su obra Agamenón, cuando Tiestes «descubrió que su acción era sacrílega, rompió a llorar y, vomitando la comida, invocó para la estirpe de Ateo esta maldición, al tiempo que pisoteaba el banquete: “¡Que perezca así toda su descendencia!”». Fue Egisto, otro hijo de Tiestes, quien consumó la sentencia que pesaba sobre los Atridas, la familia de Atreo. Así concluía la historia de quien fue uno de los principales protagonistas de la guerra de Troya, el episodio que inspiró la Ilíada de Homero. No sabemos si Agamenón realmente existió, como tampoco sabemos si la expedición de los griegos a Asia tuvo lugar, al menos en la forma en que la contó Homero. Pero el fascinante relato de la Ilíada permite ver en el rey un ejemplo de lo que era un monarca en la Grecia de la Edad del Bronce. Situado al noreste del Peloponeso, el reino de Micenas ocupaba, en el siglo XIII a.C., una posición estratégica y ejercía una clara preeminencia sobre las fortificaciones rivales de la zona, particularmente Argos, Pilos o el enclave fuertemente amurallado de Tirinto. De ahí que, a pesar de que cada una de estas ciudades fuera independiente, el rey de Micenas fuera considerado el soberano supremo de todos los demás reinos. Ése es el motivo de que en los poemas homéricos Agamenón aparezca como el líder de una poderosa confederación de reinos griegos que lanzó contra aquella ciudad más de mil naves de guerra. Según Homero, el pretexto de la guerra lo había dado el hermano de Agamenón, Menelao, rey de Esparta, que exigía a los troyanos que la devolviesen a su esposa, la bella Helena, que se había dejado raptar por el joven Paris. La razón última de la guerra, sin embargo, debió de ser el dominio de las rutas de acceso a los preciados metales del mar Negro y el botín que ofrecía Troya. En todo caso, si había alguien capaz de promover y ejecutar una empresa tan temeraria, ése solo podía ser el rey de Micenas. Homero, en la Ilíada, lo refleja al especificar que Agamenón contribuyó a la armada griega con cien navíos, además de ceder otros tantos a sus aliados del interior, mientras otros reyes como Néstor de Pilos o Diomedes de Argos aportaban noventa y ocho cada uno, y Aquiles, rey de los mirmidones, tan sólo cincuenta. Homero consagró un canto entero a las hazañas de Agamenón, desplegando su orgullo y prestigio sobre su carro, el rey de Micenas despedazaba las falanges de sus adversarios conforme de los encontraba a su paso. Tan grande fue la masacra que el soberano causó en las filas del enemigo, que los dioses comenzaron a temer por la vida del príncipe troyano Héctor, que avanzaba a su encuentro. El mismo Zeus prohibió a éste que retara a Agamenón a un combate singular, y le ordenó que se mantuviese al margen de la batalla hasta que el rey de Micenas fuera herido. Cuando en efecto, cayó malherido, el ejército griego, sin Aquiles y con el resto de héroes en retirada, se convirtió en un juguete en manos de Héctor. Pero Héctor puso fin a la vida de Patroclo, el protegido de Aquiles, quien volvió al combate y dio muerte al príncipe de los troyanos. Es en este punto donde Homero pone fin a su Ilíada, con Troya aparentemente condenada. Sin embargo, las puertas de Ilión seguían cerradas para el enemigo, pues Aquiles cayó en manos de Paris, el raptor de Helena, cuando el dios Apolo guió su flecha hasta el talón del héroe griego, su único punto vulnerable. La muerte de Aquiles volvió a dejar la escena como al principio: un ejército extenuado y unas murallas que aún resistían. Agamenón parecía resuelto a aceptar la derrota y ordenó preparar las naves para volver a Grecia, pero apareció entonces Ulises (Odiseo), el artífice de la inmortal estratagema del caballo de madera. Troya fue tomada por las tropas griegas, que sembraron la muerte y saquearon implacablemente toda la ciudad. Agamenón regresó triunfalmente a Micenas en compañía de su esclava Casandra.

Troya
Durante diez años, los aqueos (griegos) sitiaron en vano la poderosa Troya, hasta que la ciudad fue tomada y destruida gracias a un enorme caballo de madera repleto de guerreros, ingeniado por Odiseo.
A finales del siglo XIX, el alemán Heinrich Scliemann desenterró en la colina de Hissarlik, en la costa noroccidental de Anatolia, los vestigios de una antigua ciudad que rápidamente identificó con Troya o Ilión, el escenario de la guerra que relató Homero en su Ilíada. Como luego certificarían sus sucesores sobre el terreno, lo que en realidad escondía Hissarlik no era una, sino hasta nueve Troyas, una sobre otra. Los arqueólogos encontraron en Troya VI (1700-1250 a.C.) la más firme candidata a ser la ciudad homérica. Su estratégica posición a la entrada del Bósforo, en la órbita del Imperio hitita, le procuraba un control total sobre el tráfico marítimo, lo que a ojos de los griegos micénicos -la potencia rival y vecina- era tan buen motivo para ir a la guerra como la belleza de Helena, esposa del rey espartano Menelao, cuyo rapto por el troyano Paris fue, según el mito, la causa de la contienda. Que los habitantes de Troya eran conscientes de una amenaza lo demuestra el hecho de que la ciudad estuviese protegida por una poderosa muralla y unos fosos especialmente diseñados para frenar los ataques de los carros de guerra, el arma de destrucción más característica de la época. Esta amenaza debió de concretarse hacia 1250 a.C., ya que los estratos arqueológicos que se corresponden con esta fecha ofrecen signos evidentes de una ciudad en estado de emergencia, de un asalto armado y de destrucción por el fuego. Pero lo que no ha determinado la arqueología es la identidad de sus asaltantes ni si la destrucción de Troya se debió a un conflicto a la altura de su leyenda o a una sucesión de esporádicos asaltos. En este punto, en que la arqueología calla, es donde volvemos la vista a los antiguos poemas que nos hablan de la estratagema genial de un caballo de madera y de la noche funesta en que la inexpugnable ciudad de Troya cayó, envuelta en llamas. Paradójicamente, aunque el sombrío presagio de su final recorre todo el poema, la Ilíada no narra la destrucción de Troya, y, por su parte, la Odisea tan sólo nos cuenta el final de la guerra como una acción del pasado. El hecho es que los dos poemas de Homero se limitaban a contar dos episodios del ciclo mítico de Troya -el de la cólera de Aquiles y el del azaroso regreso de Odiseo (Ulises) a Ítaca-, mientras que el resto de episodios que completaban la leyenda circuló en composiciones que sólo se han conservado de forma fragmentaria, como la Iliupersis o Caída de Ilión, que narraba con detalle los últimos momentos de la ciudadela. Por ello, los episodios clave de los últimos días de Troya nos han llegado a través de poemas compuestos siglos más tarde, como la Eneida de Virgilio o las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, que daba comienzo justo en el punto en que Homero ponía fin a la Ilíada: los funerales de Héctor, hijo de Príamo y heredero del trono de Ilión. Tras la muerte de Héctor, la ciudad quedaba abocada a la ruina. Pero los troyanos aún recibieron refuerzos, como las amazonas de la reina Pentesilea, quienes nada pudieron hacer ante el empuje de Aquiles, rey de los mirmidones. Con todo, la tradición nos ha hecho llegar un famoso episodio derivado de este encuentro: cuando Aquiles y la reina quedaron frente a frente, comenzó un duelo entre los dos que se saldó con la muerte de Pentesilea a manos del héroe griego, quien se enamoró de ella en el mismo instante en que la atravesaba con su lanza. Pero a los troyanos todavía les quedaba el auxilio de las tropas etíopes. Bajo el mando de Memnón, los etíopes constituían el último obstáculo que se interponía entre Aquiles y las puertas de Ilión. Tras esquivar mutuamente sus lanzas, se atacaron con sus espadas hasta que Aquiles encontró una abertura entre las láminas metálicas de su rival y logró arrancarle la vida. Parecía que la victoria estaba de parte de Aquiles, pero mientras éste combatía, el príncipe troyano Paris, raptor de Helena y causante de la guerra, disparó una flecha que, guiada por el dios Apolo, fue a impactar en el talón del señor de los mirmidones. Tras diez años de duro combate, había caído el mejor de los aqueos y las murallas de Troya aún coronaban intactas el paso de los Dardanelos. Fue el astuto Odiseo quien dio un vuelco a los acontecimientos, al urdir la estratagema militar más célebre de la historia: los griegos construirían un gran caballo de madera en cuyo interior se escondería un puñado de guerreros; una vez dentro de las murallas abrirían las puertas de Troya al resto del ejército, que se mantendría oculto en la vecina isla de Ténedos. Esa noche, Ilión fue tomada a sangre y fuego, y los troyanos sufrieron un funesto destino: el viejo rey Príamo vistió su armadura y fue masacrado junto al resto de los defensores.
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Aquiles
Aquiles, el héroe de Troya
El rey de los mirmidones, protagonista de la 'Ilíada' de Homero, no llegó a ver la caída de Troya; una flecha del troyano Paris acabó con su vida. Sus compañeros recurrieron a la célebre treta del caballo de madera para tomar la ciudad.
 A Aquiles le perseguía un destino trágico: el morir joven, aunque cubierto de gloria. La guerra de Troya fue el teatro de sus gestas y de su fin.
El oráculo predijo que el hijo de la divina ninfa, Tetis (hija del dios marino Nereo), sería superior a su padre. Los dioses (Zeus y Poseidón) decidieron alejarse de la bella y tentadora Tetis para prevenirse. La solución fue casarla con un héroe; el elegido fue un gran guerrero, Peleo, rey de Tesalia. A la bella Tetis no le gustó la idea de que la casaran con un simple mortal, y mediante distintas metamorfosis intentó huir de él, pero terminó rindiéndose a su tenaz prometido y celebrando la boda en presencia de los demás dioses. Fruto de la unión nació Aquiles.

Tetis trató de proteger a su hijo de su designio bañándolo en sangre de dragón ya que así su piel se volvería invulnerable, pero cometió un fatal descuido al agarrarle de los talones; estos quedaron libres de las propiedades de la sangre. Gracias al adiestramiento del centauro Quirón Aquiles se formó como atleta y guerrero. Cuando empezó la guerra de Troya su madre lo mandó a la isla de Esciros vestido de muchacha para evitar que fuese reclutado. La astucia de Ulises dio con el escondite de Aquiles y fue así como, junto a su querido compañero Petroclo, Aquiles se puso en marcha hacia Troya.
En la Iliada se cuentan los episodios más decisivos de la contienda; el encuentro con Agamenón, la muerte de Patroclo, la venganza contra Hércules, etc. Es inolvidable la escena en la que el propio Príamo, rey de Troya, es recibido por Aquiles para que éste le conceda el cadáver de su hijo Héctor y así poder celebrar sus funerales. El héroe, conmovido por el gesto de Príamo, termina acordándose de su propio padre y, mostrando una grande humanidad, acompaña el lloro de su visitante.
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Sin embargo en la Ilíada no se relata la muerte de Aquiles; es en la Odisea donde Menelao le cuenta al joven Telémaco (hijo de Ulises u Odiseo) como Aquiles fue muerto por una flecha de Paris, guiada a su vez por el dios Apolo. Otras fuentes amplían los datos sobre el fin del gran guerrero, como el interesante poema épico Posthomerica de Quinto de Esmirnia, escrito mil años después de Homero. En este poema se describen el combate de Aquiles con Memnón (príncipe etíope), el encuentro con Pentesilea –la fogosa reina de las amazonas–, la profetizada muerte de Aquiles y los juegos atléticos realizados en honor al muerto. En el curso de su periplo Ulises visita el Hades donde encuentra a antiguos compañeros fallecidos en Troya. Allí Aquiles recibe los halagos por su inmensa y perenne gloria, aunque él responde con palabras amargas diciendo que hubiera deseado ser campesino en la tierra que rey de los muertos.
Su duelo con el troyano Héctor es el episodio culminante de la ‘Ilíada’ de Homero. Herido mortalmente por una flecha en el talón, Aquiles no pudo ver cómo los griegos tomaban Troya y la reducían a cenizas. La ‘Ilíada’, el gran poema sobre la guerra de Troya, nos relata sólo algunos episodios de la lucha de aqueos y troyanos en unos pocos días del décimo y último año del asedio. Aquiles es el protagonista de la trama épica, pero ésta cubre sólo una pequeña parte de su intervención en la guerra: su enfado con el jefe griego Agamenón, que le obligó a entregarle la esclava Briseida; su negativa a combatir con los demás jefes aqueos; y el encuentro definitivo con Héctor, el hijo del rey troyano, en un duelo que acabará con la muerte de éste. Homero deja sin contar la muerte de Aquiles y el final de la guerra. Acaba su poema tras los llantos por Héctor sin darnos el panorama final: la conquista de Troya por los griegos. Después de que Aquiles, el mejor de los aqueos, diera muerte a Héctor, el mejor héroe de Troya, la ciudad quedó muy abatida. Pero cobró nuevos ánimos al recibir el socorro de las amazonas, en primer lugar, y, por último, de Memnón y sus etíopes. No encontró Aquiles nada que lo detuviera cuando avanzó hacia las murallas, ansioso por lanzarse al asalto. Pero ahora iba a enfrentarse a un enemigo más peligroso: el dios Apolo, el divino protector de los troyanos. Apolo se retiró y desde lejos envió rauda la flecha que se hincó en el punto más vulnerable del cuerpo del héroe: el talón. Desangrándose por la herida Aquiles se desplomó, sintiendo cómo se cumplía su trágico destino. Quedó tendido ante las puertas de Troya. Acaso fue el dios del arco de plata quien envió la fatal saeta, o tal vez fue el troyano Paris, diestro arquero, y Apolo intervino dirigiendo la flecha hacia el frágil tobillo del héroe. De hecho, encontramos una y otra versión en diversos textos antiguos. Aunque la muerte se había llevado a muchos de sus hijos y a sus mejores guerreros, Príamo resistía en el décimo año del asedio. Parecía necesario recurrir a la trampa, ya que la fuerza no lograba la victoria final. Y de nuevo intervino la astucia de Ulises, inspirado por la diosa Atenea. El rey de Ítaca propuso el ingenioso plan de construir un gigantesco caballo de madera en cuyo vientre hueco se emboscarían los más audaces guerreros, que luego saldrían y abrirían las puertas del muro a los demás.

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6 de junio de 2012

Enterrados con una estaca en el corazón hace 800 años

. 6 de junio de 2012
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La creencia en vampiros que acechan de noche y sacian su sed de sangre humana no es sólo literatura de horror gótico, sino que está incrustada en creencias ancestrales europeas. Arqueólogos búlgaros han hallado dos esqueletos medievales con el pecho perforado por una estaca de hierro, supuestamente para evitar que revivieran como vampiros. Una creencia pagana que hasta hace menos de un siglo se mantenía en zonas rurales de los Balcanes. Estas personas era apuñaladas en el corazón para que no regresaran del más allá. Según el director del Museo Nacional de Historia de Sofía, Boris Dimitrov, muchos de ellos pertenecían al clero o eran de linaje aristocrático. Lugar cercano al monasterio de San Nicolás en las se encontraron los “vampiros”. El estudio de estos dos últimos especímenes los sitúa en la Edad Media, en una zona cerca del Mar Negro, en el monasterio de San Nicolás de Sozopol. Sin embargo Bulgaria cuenta con más de cien nichos vampíricos y estudios similares se han realizado en otros países balcánicos, incluyendo Serbia y Transilvania rumana. En la villa de Debelt, también en Bulgaria, se hallaron en el 2004 seis esqueletos con el tórax apuntillado. El Nosferatu más conocido es el Conde Drácula ideado por el literato Bram Stoker en 1887. Para inspirarse se basó en el héroe nacional rumano Vlad Tepes (1431-1476), que empalaba a sus prisioneros de guerra y se bebía su sangre. Vlad, Príncipe de Valaquia, mantuvo una guerra constante contra los turcos otomanos y otros príncipes ortodoxos para asegurar su domino de la zona. Su gusto por la sangre y la tortura está ampliamente documentado en testimonios de la época. Se estima que entre 1456 y 1562 exterminó de 50.000 a 100.000 personas. Si bien se creía que la condición vampírica era sólo cosa de hombres, hace un mes, dos investigadores italianos exhumaron en Venecia el primer caso de una “vampiresa”. La mujer, que padecía la peste y falleció en la isla de Lazzareto Nuevo donde se recluía a las infectados- fue enterrada con un ladrillo entre las mandíbulas para evitar que se alimentase. El antropólogo Matteo Borrini, de la Universidad de Florencia, apoya la tesis de que la gente del Medievo creía que detrás de las plagas que asolaron Europa de 1300 a 1700 estaban los vampiros. Borrosini sostiene que esta creencia del desconocimiento de cómo funciona la descomposición humana. Cuando los enterradores abrían las fosas comunes se topaban con cadáveres hinchados por el gas, con el pelo todavía creciendo y con sangre manando de su boca, lo que les hacía pensar que seguían vivos. Una bacteria bucal provocaba que mordieran la mortaja con la que se les tapaba el rostro, y como no se entendía porque sucedía esto, se les taponaba la boca para evitar que se alimentaran. El origen de la palabra vampiro proviene del término eslavo opyrb, posteriormente escrito como vipir. Borrachos, ladrones y asesinos tenían todas las papeletas para convertirse en uno de ellos. Una de las creencias locales era que un vampiro se podía presentar como una persona normal, que viviera como uno más, casándose  y teniendo hijos; pero al llegar la noche deambulaban en busca de sangre. A estos vampiros se los podría exorcizar clavándoles una estaca en el corazón. El folklore nos habla de varias formas de tornarse en vampiro: recibir muerte violenta o antinatural, o ser saltado por un gato negro durante el velatorio. En los primeros cuarenta días sus huesos se convertían en gelatina. Esta cuarentena era crucial para acabar con el no-muerto pero tenia que hacerlo un Vampiridzha, un cazador profesional de vampiros o ser devorado por un lobo. Si no era así, el vampiro se tornaba más fiero y desarrollaba osamenta. Hallazgos como este arrojan luz sobre creencias paganaseuropeas que pervivieron a pesar de la fe católica y ortodoxa.

Carlos de Lorenzo
Carlos.delorenzo@unidadeditorial.es

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