La Historia investiga, analiza y registra el pasado del hombre. Los acontecimientos ocurridos, sus causas, su desarrollo geográfico, social y las consecuencias de los mismos. Que nos sirve de base para la comprensión del presente. Al hablar del pasado del hombre entendemos que todas las acciones, pensamientos y obras cuya trascendencia modificó, alteró o impulsó un proceso social.

22 de febrero de 2010

¿Qué es la historia?

. 22 de febrero de 2010

Historia es la narración y exposición verdadera de los acontecimientos pasados y cosas memorables" afirma con escueta precisión nuestro diccionario. Asumiendo que aceptamos, sin más, su autoridad, pasemos a otra interrogante un poco más espinosa: ¿Por qué conocer el pasado? O, lo que es lo mismo, ¿para qué sirve la historia?

Muchos de ustedes se sentirán inclinados a ripostar: ¡Para nada! ¿Qué interés puedo tener en conocer nombres de presidentes y fechas de tratados? ¡Todo eso ya pasó! Con tantos problemas que enfrentamos hoy día, ¿a quién le importan los asuntos de los muertos?
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Desde ese punto de vista, tienen francamente toda la razón. Resulta, sin embargo, que esa definición sólo corresponde a uno de los componentes de la historia: la crónica. Aunque quizás en algunas escuelas todavía prevalezca tal confusión y se les haya atormentado con memorizaciones inútiles de fechas, lugares y acontecimientos, sacados fuera de contexto, y por ello, intrascendentes.

En realidad, la historia es mucho más que el recuento cronológico de sucesos y personajes memorables. Podríamos decir que responde a una necesidad profunda del ser humano en cualquier estadio de desarrollo- de buscar y dar valor en el pasado a los hechos, acontecimientos y tendencias que preparan el tiempo presente.

Desde la época en que el hombre empezó a vivir en comunidad y a utilizar un lenguaje, tuvo que crear interpretaciones conceptuales que pudieran explicarle su situación en el mundo, en un momento dado.

En los primeros estadios de la civilización, el hombre recurrió al pensamiento mítico para explicar los orígenes de su grupo social, su preferencia por un hábitat geográfico, o su obediencia a determinadas normas y creencias religiosas.

Parecería que, de no remitirnos a un pasado con el cual conectar nuestro presente, éste resultaría incomprensible, casual, sin sentido. El hacerlo, dota al presente de una razón, da coherencia a las acciones del individuo dentro de su comunidad, hace intelegible su misma existencia, así como su relación con otros grupos humanos y con la naturaleza.

Los antiguos nicaraos tuvieron especial cuidado en conservar la memoria de las cosas pasadas, registrándolas por medio de símbolos grabados en tinta roja y negra, sobre pergaminos plegables de piel de venado. Los sacerdotes eran los encargados de transmitir la tradición a las nuevas generaciones, acompañando el estudio de los textos con cantos épicos y sagrados.

Al igual que otros pueblos de origen náhuatl, los nicaraos habían heredado una concepción cíclica del devenir histórico, según la cual la tierra había sido creada y destruida en repetidos cataclismos. Cada uno de estos mundos sucesivos era dominado por su propio sol, que se eclipsaba con violencia: el Sol de Agua había sido devorado por una inundación; el Sol del Jaguar, de la Noche y de la Tierra, murió al desplomarse el cielo; el Sol de la Lluvia o del Fuego se consumió a sí mismo cuando el fuego cayó sobre la tierra; un Sol de Viento fue destrozado por un terrible huracán...

Correspondía a la quinta época el nuevo Sol del Movimiento. Para fortalecerlo y postergar su fatal desaparición, debía ser alimentado con corazones humanos.
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A través de esta explicación mítica del pasado la existencia de los nicaraos cobraba sentido. Las continuas guerras que libraban contra los chorotegas y otros pueblos vecinos -con los cuales competían territorialmente-, adquirían una justificación cósmica, puesto que los prisioneros eran destinados al sacrificio propiciatorio.1
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Durante el período colonial, la Historia, propiamente dicha, no recibió mucha importancia. La educación estaba a cargo de los misioneros, quienes eran los responsables de operar la transformación ideológica y cultural de los pueblos indígenas. Sus esfuerzos se orientaron a inculcar la idea de que la colonización española respondía a una misión sobrenatural, dirigida a reunir a todos los hijos de Dios, dispersos sobre la tierra, bajo la única religión verdadera: la Católica. Por lo tanto, sólo se impartía "... la más universal de las historias, la Biblia, a través de la enseñanza de la Historia Sagrada".2

Ni siquiera se contemplaba estudiar la historia del imperio español -la lealtad de los súbditos americanos no se aseguraba mediante una apología de la grandeza temporal de la metrópoli, sino a través de su reconocimiento como un instrumento divino para la evangelización.

Notas:
1LEON PORTILLA Miguel. "Religión de los Nicaraos". En: El Pez y la Serpiente. No. 16. Managua: Editorial Unión, Invierno 1975. p. 23 y sigs.
2MOLINA ARGUELLO, Carlos. La Enseñanza de la Historia en Nicaragua. México: Editorial Cultura, 1953, p. 14.

Referencia
Revista: Talleres de Historia (Número: 1)
Fecha de publicación: 7 / 1994 (Nicaragua)
Fuente bibliográfica: Taller de Historia
© IHNCA, Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica
Código documento: 632027

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