La Historia investiga, analiza y registra el pasado del hombre. Los acontecimientos ocurridos, sus causas, su desarrollo geográfico, social y las consecuencias de los mismos. Que nos sirve de base para la comprensión del presente. Al hablar del pasado del hombre entendemos que todas las acciones, pensamientos y obras cuya trascendencia modificó, alteró o impulsó un proceso social.

26 de enero de 2009

Origen de las Especies

. 26 de enero de 2009
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Para entender la teoría de Charles Darwin primeros tenemos que hablar de el termino “Adaptación”. El cual hace referencia a aquellas estructuras biológicas particularmente aptas para desarrollar una función. En el pensamiento preevolucioncita, este concepto se aplicaba a aquellos órganos creados por Dios. Con Darwin, el término fue asumido por el evolucionismo para referirse a aquellas estructuras que habían sido modificadas por la selección natural, de acuerdo con una función que favorecía la supervivencia. En el lenguaje común, “adaptación” hace referencia tanto a la estructura formada como al proceso que le da origen. El propio Darwin pudo percatarse de que, el término resultaba demasiado estrecho para dar cuenta de las relaciones entre órgano y función desde el punto de vista evolutivo. En su estudio sobre las orquídeas, Darwin describió cómo determinados órganos en las flores de estas plantas habían variado su función original para adoptar una morfología que tendiera a facilitar su fecundación por parte de los insectos voladores. Así pues, un órgano que hubiese modificado esta en el curso de la evolución ante un cambio en las circunstancias ambientales. Con el tiempo, otros términos aparecieron a fin de dar cuenta de situaciones en las que una supuesta adaptación habría surgido por un proceso independiente de la selección natural. Entre ellos, hizo fortuna el concepto de preadaptación, (son exaltaciones potenciales que todavía no han llegado a desarrollarse como tales) que hacia referencia, como en el caso mencionado, a estructuras presentes en el organismo que con el tiempo adquirirían una función para la cual no habían sido diseñadas. De algún modo, estas características preadaptaban a sus poseedores ante los cambios ambientales que se desarrollaban posteriormente. Por ejemplo, las estructura precursora del plumaje probablemente apareció en los antecesores de las aves para mantener una temperatura corporal constante (función parecida a la del pelo en los mamíferos); solo secundariamente aparecía el vuelo como una función sobreimpuesta en algunas formas arborícolas. De este modo, los pequeños dinosaurios emplumados habrían estado preadaptados para la función posterior del vuelo.

Sin embargo, aunque el fenómeno de la preadaptación podía ser reconocido en el registro fósil, las preadaptaciones solo podrían ser detectadas a posteriori. En este sentido, resulta útil la distinción que propuso Williams entre efecto y función. Para este autor, una estructura biológica puede tener múltiples efectos, pero solo uno de ellos, la función fijada por la selección natural y el efecto, producto del azar según las condiciones ambientales. Por ello, Stephen J. Gould y Elisabeth S. Vrba crearon el término exaltación, para referirse a aquellos caracteres que evolucionaron para una función diferente a la actual. En el caso de la evolución humana, algunos autores han sugerido que el bipedismo podrían no haber aparecido como una adaptación particular a un cambio en las circunstancias ambientales, sino que se habrían originado súbitamente por un factor contingente. En este segundo ejemplo, es la que corresponde al concepto de exaltación. Por ejemplo, el fosfato cálcico se acumulo en los primeros cordados en forma de excreciones debidas a un exceso de este mineral en el organismo. Posteriormente, estos precipitados fueron seleccionados como elementos esqueléticos que mejoraban la capacidad locomotora de aquellos organismos al tiempo que podían actuar como elementos de protección frente a los depredadores. Un carácter que no fue por tanto fijado para una función en particular (la excreción de fosfato cálcico) adquirió posteriormente una función que mejoraba la eficacia del grupo (desarrollo de un esqueleto).

Bibliografia


-Jordi Agustín
Fósiles, Genes y Teorías
Diccionario heterodoxo de la evolución
Prefacio de Juan Luis Arsuaga
Matemática 77 Edición 2003

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Charles Darwin

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Darwin no fue propiamente el autor de la evolución, la idea ya se había formulado explícitamente por otros autores como Jean-Baptiste Lamarck o su propio abuelo, Erasmus Darwin, pero sí fue el primero en proponer una explicación convincente sobre como opera el cambio evolutivo, algo en lo que hasta entonces había fracasado sus predecesores. En su obra, El origen de las especies, Darwin propuso que las pequeñas variaciones que se encontraban en el seno de las poblaciones naturales que se verían progresivamente favorecidas por la selección natural de aquellos individuos que lograsen sobrevivir y traspasar estas características a su descendencia. Dado que los recursos son siempre limitados, aquellas características que en un ambiente dado favorezcan la supervivencia de sus portadores (los más aptos) tendrían a propagarse y acentuarse en el seno de las especies. Por lo contrario, aquellos cuyas características no representen una ventaja sobre sus competidores, tendrían a no dejar descendencia y, por tanto, tales rasgos se perderán con ellos.
Mediante este sencillo mecanismo, no muy diferente a escala natural de la selección artificial que los criadores y ganaderos ingleses practicaban en sus granjas, Darwin pudo explicar el origen de la inmensa variedad de formas y especies que hoy configuran la naturaleza. Otra de las claves de esta obra, estriba en el concienzudo y detallado análisis que Darwin realiza en esta obra de las pruebas de la evolución, aportando numerosos casos relacionados con la embriología, la biogeografía o la anatomía comparada. Ante tal derroche de documentación, no es de extrañar que los adversarios de la teoría de la evolución se preocupasen seriamente por los efectos de su obra.

¿Cuál fue la clave del éxito de Darwin, allá donde otros habían fracasado? Probablemente haya que buscarla en el hecho de que Darwin no se vio en ningún momento imbuido de las ideas evolucionistas pre-existentes, las cuales constituían una profunda rémora en el desarrollo de una teoría empírica de la evolución. Con tal bagaje, un evolucionista contemporáneo de Darwin difícilmente podría haber llegado a las conclusiones que éste sacó durante su periplo a bordo del Beagle: su interpretación de la distribución geográfica de las especies y de la relación entre individuos y medio ambiente habrían estado viciada e su base. De hecho, cuando Darwin se embarca, lo hace imbuido de unas firmes convicciones fijistas, en la mejor línea cuvieriana. Y es en este fijismo inicial del joven Darwin donde tal vez se encuentre la clave del éxito que le llevo a concebir la evolución como una consecuencia de la selección natural. La segunda clave del éxito, es que sobre la tabula rasa de su fijismo original, construye un edificio teórico basado en sus extraordinarias dotes de observación y en su capacidad de reflexión. Contrariamente a los sistemas especulativos de un Buffon o un Lamarck, Charles Darwin se ocupo hasta el fin de sus días, de la resolución de problemas científicos muy concretos y apagados a su experiencia directa, como demuestra el repaso a algunos de sus últimos trabajos. Incluso obras centradas en aspectos altamente teóricos de la biología, como El origen del hombre o La expresión de las emociones en los animales, están basadas en la observaciones de realidades como la selección sexual o el comportamiento de los animales domésticos, muy cercanas a la vida de un hacendado ingles de su tiempo. Darwin conocía la obtención de variantes domesticas, por lo que la idea de la selección natural podía ser asimilada perfectamente. Darwin explica la transmutación de unas especies en otras mediante el mismo mecanismo que los granjeros ingleses aplicaban a su ganado, es decir, promoviendo la reproducción de aquellas variedades mas aptas para sus fines y eliminando o impidiendo la reproducción de los descendientes de menor interés. Similarmente a esta selección artificial, existiría en la naturaleza una selección natural. Ahora bien, ¿Qué es lo que fuerza esta selección en la naturaleza? Dado que en el mundo natural no existe un criado que fuerce la selección de unas determinadas variantes. Darwin se vio en la tesitura de encontrar un factor natural que provocase efectos similares. Varios años después de su viaje, este factor se le hizo evidente al leer la obra del pastor ingles Thomas R. Malthus, Ensayo sobre el principio de la población (1798). En esta obra, Malthus argumenta que mientras que la población humana aumenta en proporción geométrica, los recursos lo hacen en proporción aritmética, por lo que siempre existirá un déficit. Este déficit en la disponibilidad de recursos era el factor que Darwin necesitaba para explicar la selección natural. Además, la lectura de la obra de Malthus permitió a Darwin operar un importante salto cualitativo en la formulación de la teoría de la evolución. Así, para explicar el cambio evolutivo, y a diferencia a Lamarck y Geoffroy Saint-Hilaire, Darwin no se sitúa en el plano del individuo, sino que introduce la idea de la población como unidad de evolución. Lo fundamental en este caso es que el concepto de población lleva implícito el concepto de variabilidad intrapoblacional: los individuos de una población no son todos iguales sino que difieren, hasta cierto grado, en sus características. Ello da pie a explicar la evolución mediante el proceso de selección natural: los individuos que presentan unas características mas adecuadas para la vida en un ambiente determinado sobreviven y transmiten estos rasgos a sus descendientes. Por lo contrario, aquellos cuyas estructuras no son favorables para la vida en ese ambiente difícilmente sobreviraran y al no dejar descendencia, sus caracteres poco adaptivos morirán con ellos. Se conoce como darwinismo la teoría que sitúa la selección natural en la base de todo cambio evolutivo. El origen de las especies, se enfrento a una grave crisis, de la que no salio hasta el bien entrado el siglo XX, cuando cayo progresivamente en descrédito. El aparente fracaso de Darwin en este sentido se fundamentaba en su incapacidad para explicar dos aspectos fundamentales en cualquier teoría evolutiva: el origen de la variabilidad y la transmisión de esta variabilidad de una generación a la siguiente (esto es, la herencia). Curiosamente, en ambos aspectos, Darwin fue favorable hasta el final de sus días al lamarckismo, aceptando la herencia de los caracteres adquiridos durante la vida del individuo. Otras figuras de los primeros días del darwinismo, como Ernst Haeckel, mantuvieron también acusadas posiciones lamarckistas a lo largo de su vida. Pero a finales del siglo XIX y principios del XX, August Weismann y después Thomas H. Morgan pudieron probar que los presupuestos del lamarckismo eran abiertamente falsos: la herencia de los caracteres adquiridos era una falacia. Además, con el redescubrimiento de las leyes de Mendel, se pudo demostrar que los factores hereditarios eran discontinuos y se preservaban de generación en generación, aun cuando no se manifestasen directamente en el individuo. Finalmente, el modelo de cambio gradual para explicar el origen de las novedades por parte de Darwin fue puesto en entredicho por los experimentos de Hudo de Vries, los cuales parecían sugerir que la evolución se producía mediante abruptos saltos en la morfología, saltos que serian conocidos con el nombre de mutaciones. Así pues, el darwinismo primitivo debió afrontar en la primera mitad del siglo XX un profundo proceso de reconversión, a fin de incorporar las novedades que aportaban tanto el mendelismo como el mutacionismo. Este proceso de maduración llevo finalmente en los años treinta y cuarenta a la formulación de la denominada teoría sintética de la evolución, que en pocos años se impuso como nuevo paradigma evolutivo.

Bibliografia

-Jordi AgustínFósiles
Genes y Teorías
Diccionario heterodoxo de la evolución
Prefacio de Juan Luis Arsuaga
Matemática 77
Edición 2003

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